A mi manera

Empecemos con un ejercicio mental. Imaginemos que somos un hombre o una mujer de las cavernas. Estamos vestidos con pieles de diferentes animales para abrigarnos del frío, hemos hecho un fuego para mantenernos confortables pero, tenemos hambre. Entonces vamos en búsqueda de una comida para prepararnos un buen banquete antes de irnos a dormir. Mientras estamos recolectando frutos y hojas para la cena, nos encontramos cara a cara con un Diego, el tigre dientes de sable que habita la zona ¿Qué hacemos? ¿Lo atacamos para defendernos, lo intentamos cazar, nos hacemos amigos o huimos?

Históricamente el ser humano para poder sobrevivir ha tenido que aprender a distinguir, mediante evaluación y análisis situacional, entre situaciones favorables y peligrosas, favoreciendo la respuesta emocional y conductual más funcional para su afrontamiento y resolución. 

El afrontamiento es la respuesta que da una persona de manera cognitiva y/o conductual ante una situación real o imaginaria que exige una respuesta o solución por parte del individuo. 

Lázarus y Folkman explican que los estilos de afrontamiento personales son determinados por las evaluaciones cognitivas que cada uno de nosotros realiza a partir de enfrentarse a una situación que amerita evaluación. 

Desarrollar habilidades y estrategias de afrontamiento supone promover recursos tanto internos como externos, lo que implica que la persona pueda  percibir que dispone de esos recursos, creer que los puede implementar y tener suficiente motivación para desarrollar el esfuerzo de utilizarlos.

Las habilidades de afrontamiento tienen como requisito el factor esperanza . Es la creencia de que es posible cambiar el curso dificultoso o negativo de algo y así visualizar la representación del futuro como una fuerza para el cambio. 

Estas habilidades de afrontamiento se ponen en marcha para preservar una autoimagen satisfactoria frente a la amenaza de por ejemplo, la integridad física y psicológica que supone una enfermedad, un autopercibido fracaso en el área laboral o personal, una situación que implique desafío.

Al evaluar un acontecimiento ponemos en marcha dos tipos de evaluaciones: la primaria que apunta a un análisis del tipo ¿me beneficia o me perjudica? y la secundaria, ¿puedo hacer algo al respecto? Ambas evaluaciones interaccionan entre sí determinando el nivel de estrés y la intensidad y calidad de la respuesta emocional.

Es dentro del sistema de evaluación secundario donde se despliega el catálogo de posibles estrategias, respuestas y soluciones de manera orientativa, siendo una o un conjunto de las mismas lo que finalmente se aplicará  de forma efectiva con expectativa de resultados (es decir que la conducta elegida llevará a determinados resultados) y expectativa de eficacia (convicción de que se es capaz de llevar a cabo una conducta y lograr con ella los resultados deseados)

Cada uno de nosotros pondrá en marcha las estrategias de afrontamiento que creemos poseer y a las cuales nuestra mente, modelada a partir de esquemas mentales de pensamientos y creencias puede acceder, y serán aplicadas de tantas maneras posibles como personas las ejecuten.

Entonces los procesos cognitivos que realice cada uno, su duración, la lógica seguida y el camino recorrido para llegar a una posible respuesta son individuales a pesar de poder llegar dos o más personas a un mismo resultado.

Es por eso que desde Take Health proponemos no calificar las estrategias de afrontamiento como correctas o incorrectas, sino analizarlas desde su eficacia al  evaluar el bienestar general individual a corto, mediano y largo plazo de quién las pone en marcha.

Si estás interesado en saber más sobre este tema o querés consultar acerca de tus propias estrategias de afrontamiento para poder reforzarlas o modificarlas adaptativamente no dudes en contactar a nuestro equipo de profesionales.

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