Conectate a la comida

Pasamos una gran parte de nuestro día avocados a nuestra actividad laboral. Nuestros horarios y actividades se ordenan en función de nuestro trabajo. Y por supuesto que nuestros hábitos alimentarios también.  Nos levantamos, y mientras nos preparamos para salir al trabajo, tomamos alguna infusión acompañada de alguna galleta o golosina a las apuradas. O peor aún, lo vamos haciendo de camino. El café nos acompaña durante toda la jornada y el “picoteo” es un clásico en la oficina. El almuerzo muchas veces pasa de largo o compramos algo por ahí y lo comemos “al paso” para continuar con la tarea laboral. Al llegar a casa nos conectamos con la web, visitamos redes sociales o nos sentamos a ver series o programas de televisión mientras cenamos. Al final de cuentas terminamos el día sin saber exactamente qué y cuánto comimos. Estuvimos conectados a todo y con todos menos con la comida. 

Conectar con el momento presente, pero de forma intencional. Aquí y ahora con nuestra alimentación. Respirando. Conectar con cada bocado. Tomar conciencia y registrar el momento. Concientizar la respiración mientras masticamos. Registrar cada sabor y textura de lo que estamos comiendo junto con cada inhalación y espiración. Mirar por unos segundos lo que me estoy llevando a la boca y sentir sus aromas. Poner atención plena en nuestra boca, lengua, paladar y garganta mientras los alimentos pasan por allí, junto con una respiración consciente constituyen un ejercicio cotidiano saludable que disminuye los niveles de estrés, aumenta el grado de disfrute, facilita la digestión y por ende aumenta el grado de bienestar.

El proceso digestivo empieza mucho antes de que la comida llegue al estómago. La digestión empieza con la vista y el olfato. Estímulos visuales y olfativos son interpretados por nuestro cerebro para iniciar el proceso digestivo. Al visualizar los alimentos y percibir su aroma se inicia la liberación de fluidos y enzimas que luego participarán en la digestión de los alimentos. Las apariencias de los platos es fundamental para una mejor digestión. Platos coloridos, variados y surtidos en texturas y sabores, lindos estéticamente, con aromas intensos y agradables nos ayuda a digerir mejor los alimentos. 

Recordemos que nuestro cuerpo está formado por más de un 75% de agua. Se estima que el cuerpo maneja entre 10 y 15 litros de agua en el proceso digestivo. Beber 1 o 2 vasos de agua, un caldo o alguna infusión de hierbas aromáticas nos hidrata y permite digerir los alimentos correctamente. Evitá consumir bebidas carbonatadas, azucaradas o alcohólicas. Algunas infusiones como el té o el café tampoco son recomendables ya que interfieren en la absorción de algunos nutrientes esenciales.

Alimentarse saludablemente necesita tiempo. Tiempo para elegir que vamos a comer, tiempo para ir a comprar los alimentos, tiempo para prepararlos para su consumo. Ahora bien, el tiempo más importante de todos es el momento que disponemos para comer. Para ello necesitamos establecer una rutina de alimentación y definir horarios para cada comida. Consumir alimentos a intervalos regulares evita la sensación de hambre y el consumo de porciones excesivas. Nos mantiene con los niveles de glucosa en sangre constantes durante todo el día y nos aporta la energía necesaria para nuestra actividad cotidiana. Además el horario de la comida es el momento para desconectarnos de lo que venimos haciendo y conectarnos con la comida. Para ello necesitamos un lugar propicio para comer donde podamos adoptar una posición sentada y relajada para hacerlo. No es una mala oportunidad para escuchar música agradable o reflexionar en silencio. 

El tamaño del bocado y la masticación son las únicas fases de la digestión de las cuales tenemos conciencia plena. Todos los demás procesos digestivos son inconscientes. El estómago, el intestino, el hígado o el páncreas funcionan de forma autónoma. No pensamos en cómo funcionan ni les decimos cómo hacerlo. A diferencia de lo que la mayoría supone, la principal función de nuestro estómago no es la de reservorio donde acumulamos alimentos para más tarde como lo hacen otros animales. La función principal de nuestro estómago es la de licuar y procesar los alimentos, mezclarlos con los jugos gástricos para formar el quimo que será entregado al intestino. En la cavidad bucal pasa lo mismo. Cortamos y trituramos los alimentos mientras los mezclamos con la saliva y sus enzimas para formar el bolo alimenticio que será entregado al estómago.

El tamaño del bocado y la masticación condicionan su digestión posterior. Tomar bocados pequeños y masticarlos por al menos 15 a 20 veces aliviana el trabajo del estómago y facilita la digestión en general. Formar un correcto bolo alimenticio acelera y facilita la digestión.

Además al consumir los alimentos de forma más lenta le damos tiempo a que las hormonas de la digestión, como la insulina, generen una sensación de saciedad precoz antes del consumo de porciones excesivamente abundantes e innecesarias. 

Tomarnos el tiempo necesario para comer no es tiempo perdido! La digestión será más rápida y fácil. Las porciones serán de menor tamaño. Nos sentiremos más livianos y con más energía. Aunque también, y no menos importante, nos permitirá saborear los alimentos, conectarnos con ellos y con nosotros mismos. Nos permitirá disfrutar de ese momento, disminuyendo los niveles de estrés y generando una sensación de bienestar adicional, mejorando nuestra calidad de vida.

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