El ejercicio, su historia y actualidad.

La relación entre el ejercicio y la salud data desde hace miles de años. En el libro Kong Fou escrito por civilizaciones chinas en el 2700 a.C. se hace referencia a la gimnasia respiratoria como terapia física. Grabados y papiros egipcios de los años 1800 a.C. muestran como el uso de la música, el canto y la respiración fueron utilizados cómo elementos terapéuticos. En el siglo IV a.C Hipócrates define a la actividad física como el acto de “limpiar y nutrir el alma”.  Cristóbal Méndez en siglo XVI proclama que la actividad física “limpiaba el cuerpo cuando éste estaba demasiado lleno de cosas dañinas, y el ejercicio iba acompañado de placer y alegría.»

Hasta finales del siglo XIX la mayoría de las muertes humanas se producían en las primeras décadas de la vida. Las principales causas de muerte eran las enfermedades infectocontagiosas, las complicaciones obstétricas y la mortalidad infantil, sobre todo durante el primer año de vida. Con el advenimiento de las terapias antibióticas, las campañas de vacunación universales, las medidas de saneamiento ambiental (cloacas, agua potable) y las costumbres higiénicas (lavado de manos), la esperanza de vida de la raza humana aumentó considerablemente de alrededor de 30 años a 70 años hacia finales del siglo XX siendo el cáncer, los accidentes y las enfermedades cardiovasculares las principales causas de muerte a nivel global.

Uno de los primeros estudios del siglo XX  realizado por Morris y colaboradores  en 1949 establece que la acción de los tiqueteadores británicos al subir y bajar las escaleras de los buses ingleses generaba protección frente a las enfermedades cardiovasculares en comparación con los conductores de los mismos buses que permanecían sentados durante la misma jornada laboral. 

Durante la segunda mitad del siglo XX se ha demostrado ampliamente que el hábito de ejercitarse es un factor protector y beneficioso en la prevención de enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular. En 1989 la Actividad Física fue declarada por la Organización Mundial de la Salud como tratamiento no farmacológico de múltiples afecciones crónicas, como la hipertensión arterial, la dislipemia, el sobrepeso y la obesidad, entre otras

Hoy, siglo XXI, numerosos estudios nos hablan del impacto beneficioso del ejercicio sobre las hormonas del estrés, el desempeño cognitivo y las afecciones mentales como la depresión o la ansiedad, incluso nos hablan del aporte  beneficioso sobre los estados de ánimo y el mejor manejo de las emociones, favoreciendo los vínculos interpersonales y el bien social. 

Todos y cada uno de nosotros podemos hacer actividad física. Antes de iniciar una rutina es prioritario adaptarla en base a las recomendaciones médicas pertinentes. Una práctica de tipo recreativa correctamente planificada y programada según condición y capacidad carece de riesgos y contraindicaciones y asegura un estado de bienestar global favoreciendo todos los procesos fisiológicos vitales.

TakeHealth propone como primer objetivo evitar los hábitos sedentarios. Huir de aquello que nos mantiene quietos e incorporar todo eso que nos mantiene en movimiento. Podemos empezar utilizando las escaleras evitando el ascensor, por ejemplo, como hacían los tiqueteadores británicos. Paralelamente incorporar a nuestra rutina diaria el hábito de realizar un tipo de ejercicio físico planeado y estructurado, destinado a mejorar la aptitud física y cardiovascular mediante movimientos musculares repetitivos. Elegir qué tipo de ejercicio puede llevar algún tiempo y varios intentos. No dudes en cambiar de disciplina si ésta se vuelve rutinaria y aburrida. Lo importante es mantenernos en movimiento. Proponerse metas pequeñas y realizables a corto plazo con un incremento gradual y paulatino en la frecuencia y la intensidad serán la clave para que este hábito saludable se arraigue y establezca.   

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