Al definir gratitud, lo podemos hacer por ejemplo desde una perspectiva filosófica, religiosa, moral, personal, social o espiritual. La diferencia radica en tratar a la misma como una actitud, un hábito, un sentimiento, un deber. Pero lo importante es que lo que tienen en común todas las definiciones es que se conceptualiza a la gratitud no solamente como un sentimiento, sino además como fortaleza personal que produce una multiplicación de emociones positivas.
Bien es sabido que cuando uno se dedica a fertilizar el campo de alguna emoción positiva, como una suerte de contagio eso se extiende al campo de otras emociones positivas.
Para poder potenciar la vivencia de gratitud debemos entrenarnos en paciencia y reflexión y aprender a desarrollar un espíritu contemplativo. Es necesario tener el tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que está aconteciendo.
La gratitud se potencia desarrollando algunas otras fortalezas personales como la humildad, la sabiduría y la capacidad de perdón. Estas fortalezas se interrelacionan retroalimentan positivamente. Pongamoslo así, cuando uno es agradecido desarrolla más humildad para poder ver el valor en los otros y cuando uno es humilde y puede desarrollar esa conciencia del otro lo que amplia es la capacidad de perdonar.
La gratitud puede provocar cambios cognitivos en cuanto a creencias personales por el movimiento de estas fortalezas, acompañados de posibles cambios fisiológicos y la aparición de expresiones conductuales.
Hacer el ejercicio de focalizarse en ampliar la experiencia de ser agradecidos nos permite desarrollar la capacidad de reconocer al mundo y a los otros desde una perspectiva más benevolente y generosa, bajando así los niveles de ansiedad y agresividad social, promoviendo la empatía y generando capacidad de sentir amor tanto en el círculo más íntimo de relaciones como en un contexto más amplio interpersonal.
Muchas veces nos encontramos en la situación de agradecer y no caer en la cuenta de lo que realmente implica ser agradecido. Por lo tanto, para que se generen vivencias de gratitud, deben cumplirse al menos dos condiciones: primero, la fuente de generosidad debe encontrarse por fuera de uno mismo y segundo, se debe producir el verdadero reconocimiento de lo que es valorado en la vida, ya que si uno siente que todo tiene el mismo valor, se pierde la capacidad de ser agradecido.
Para reconocer este acontecimiento hay que ser capaz de realizar un movimiento cognitivo y reconocer diferentes aspectos de la gratitud: que uno es beneficiario de la buena voluntad del otro, que ese regalo tuvo un costo para quien o que lo cedió y que el beneficio tiene valor a los ojos del beneficiario y del benefactor.
Cuando hablamos de valor y costo de lo otorgado, no nos referimos a un aspecto económico, sino a un sacrificio de entrega, una acción de buena voluntad que puede insumir tiempo y preparación, que puede implicar amor, buenas intenciones, expectativas y esfuerzo y al reconocimiento que incluye el acto de regalarle algo a otra persona que no somos nosotros mismos, que puede ser cualquier elemento valorado positivamente como por ejemplo un objeto, un momento, una caricia, un puñado de palabras amables, una crítica constructiva.
Uno puede sentirse agradecido por un objeto, un momento, una vivencia privada o compartida y el benefactor puede bien ser otra persona, el universo, la naturaleza, Dios. Si bien la experiencia que impulsa el agradecimiento puede ser colectiva, su vivencia es subjetiva y su significado personal. Toda vivencia puede ser motivo de agradecimiento, incluso de una experiencia de sufrimiento se puede aprender si somos capaces de entender al sufrimiento como una crisis que nos permite crecer.
Podemos hablar de estar agradecidos como un estado psicológico de estar en deuda e interdependiente de los otros. Viviendo en sociedad y no como seres humanos aislados, debemos tener la capacidad de contemplar y ampliar lo que otros hacen o dicen por nosotros o por otros y eso predispone a ser y estar más agradecido.
Ahora bien, si uno se propone ser activo con respecto a la gratitud, tiene que poder tolerar sentirse en deuda para que esto funcione.
Esta deuda nada tiene que ver con sentirse obligado a responder, sino que es una respuesta casi automática de hacer algo en retribución o simplemente saber decir gracias. Sentirse en deuda no es un deber obligado, sino más bien un aspecto de reciprocidad. Es por esto que la gratitud no es de carácter obligatorio ya que no es solo apreciar como un bien material lo que nos ha sido otorgado sino que incluye abrigar el propósito de corresponder con alguna acción desde lo afectivo. El dar y ser agradecido son dos caras de una misma moneda y un componente importante de la misma es reconocer la intención del otro para poder aumentar la reciprocidad en la gratitud.
Desde la perspectiva de Takehealth entendemos que la gratitud puede ser leída como una actitud: si uno puede evaluar cognitiva y emocionalmente algo que nos es dado como bueno, valorado con buena intención y que al otro le implica un costo, nos resultará fácil tener una actitud de gratitud, ingresando así a un circuito de retroalimentación positiva que genera efectos placenteros, porque alimenta el placer de dar. Cuando uno da, termina sintiéndose agradecido por el agradecimiento del otro.
Así, la gratitud consiste en dos hábitos: uno intelectual, que está relacionado con estimar y valorar el beneficio recibido, contemplar, percibir, analizar lo bueno y lo valorado en el otro; y otro moral (que tiene que ver con la costumbre) que es expresar ese reconocimiento y tratar de compensarlo.
La gratitud es una decisión consciente, uno tiene que estar decidido a tener plena consciencia y poder ser capaz de observar cómo funcionamos en sociedad y que somos capaces de dar y recibir en reciprocidad.
Algunos enemigos de la gratitud son la soberbia, la ambición, el egocentrismo, la falta de reconocimiento en el otro, la incapacidad de aprender de las experiencias, narcisismo, sentirse sujeto de derechos por encima de los derechos ajenos, ignorar el sentido de reciprocidad. Estos factores funcionan como obstáculos a la hora de desarrollar esta fortaleza, restando importancia a la vivencia de gratitud, acotando la posibilidad de sentirse agradecido, emitiendo juicios sobre la buena voluntad del benefactor o asumiendo lo otorgado no como un regalo sino como una obligación.
Lo que recomendamos desde Takehelth al percibir estos obstáculos, o alguno otro, es centrarse en el mismo para poder resolverlo y luego agregarle la herramienta del entrenamiento en gratitud.
Entre los beneficios que encontramos luego de atravesar una experiencia de agradecimiento podemos encontrar mayor bienestar individual, mayor satisfacción con uno mismo y con otros, actitud más positiva y funcional ante la vida, fortalecimiento de las relaciones con otras personas, mayor conexión y su consecuente ampliación con el entorno social, fortalecimiento del optimismo, reducción y/o prevención del estrés y mejor recuperación en las enfermedades. Además incentiva sentimientos de alegría, cariño, cercanía, espiritualidad y modela las creencias o genera nuevas, mejora la energía psíquica y física y reduce el sesgo negativo de la realidad.
Por lo tanto, los resultados que encontramos a partir de fomentar y experimentar la gratitud son la espiritualidad, el amor, la amabilidad, la humildad, la capacidad de perdonar, la esperanza, el optimismo y por supuesto, más gratitud.
