Con el paso de los años los hábitos alimentarios de los seres humanos fueron cambiando. Durante el último siglo el consumo de la comida chatarra se hizo un hábito. La urbanización de la comida nos permite adquirir cualquier preparación lista para el consumo, de forma inmediata y sin movernos de casa. Siendo está muy fácil de conseguir, sabrosa y atractiva, con alto contenido calorías, grasas saturadas y azúcares refinados, y al mismo tiempo pobre en fibras y micronutrientes.
No solamente hemos empobrecido la calidad de nuestra alimentación, sino que además las porciones son exageradas y desmedidas. Incluso consumiendo alimentos ricos en nutrientes, sus beneficios disminuyen si las cantidades superan lo que nuestro cuerpo necesita.
Hay que tener en cuenta que los seres humanos podemos comer más de lo que necesitamos y acumularlo como grasas en el tejido adiposo. Las características en la distribución y cantidad de tejido adiposo de nuestro cuerpo está determinada principalmente por nuestra herencia genética, aunque otros determinantes no menos importantes y sobre los cuales sí podemos actuar son los aportes alimentarios con la dieta y el gasto calórico diario producto de la suma de todas las actividades corporales.

El aporte alimentario y el gasto calórico determinan el balance energético diario. La alimentación y el gasto calórico diario darán como resultado el peso corporal, la distribución del tejido adiposo y la masa magra muscular.
Establecer el gasto calórico diario es fundamental para fijar el aporte energético correspondiente. Los determinantes son el tipo de actividad muscular, su intensidad y duración y la frecuencia en la que lo hacemos.
Una alimentación acorde a nuestra actividad cotidiana no solamente debe cumplir con la cantidad de calorías necesarias, sino que además debe cumplir con la calidad y variedad de lo que consumimos. Es decir cumplir con los aportes de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales equilibradamente y en las proporciones adecuadas.

Un aporte calórico excesivo mantenido en el tiempo nos llevará al sobrepeso y a la obesidad, y consigo aparecerán alteraciones metabólicas relacionadas con los valores de colesterol, glucemia e insulina, y afecciones circulatorias como la hipertensión arterial, el infarto de miocardio y la insuficiencia cardíaca.
Si bien el sobrepeso y la obesidad son considerados factores de riesgo para muchas enfermedades metabólicas, articulares y cardiovasculares, el diámetro abdominal por sí mismo es el factor de riesgo que se relaciona de manera directamente proporcional con un riesgo cardiovascular elevado. Un diámetro abdominal o de la cintura mayor a 102 cm en los hombres y mayor a 88 cm en mujeres predispone a mayor riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y otras enfermedades cardiovasculares mortales o incapacitantes.
Proponerse un régimen alimentario restrictivo estricto o dietas disociadas son útiles para un descenso de peso parcial, rápido y a corto plazo. Una estrategia eficaz durante los primeros tiempos. Luego estos regímenes alimentarios se hacen cada vez más tediosos y difíciles de cumplir y nuestra voluntad se agota. Suelen aparecer recaídas y atracones. El descenso de peso se enlentece y la curva de progreso se aplana. El estado de autoexigencia para su cumplimiento y la frustración elevan los niveles de estrés empobreciendo la calidad de vida, y no solamente se pierde la oportunidad de adquirir los beneficios de una dieta variada, equilibrada y saludable, sino que hay un riesgo aumentado de volver a nuestra vieja forma de comer.
Cambiar viejos hábitos y costumbres lleva tiempo. Si queremos combatir el sobrepeso y la obesidad debemos tener paciencia, disciplina y perseverancia. Una dieta balanceada y equilibrada asociada a una rutina de ejercitación nos ayudará a bajar de peso de una manera más gradual y paulatina llegando al peso ideal de manera saludable. Una adecuada nutrición y actividad física, no solo quema las grasas sino también mejora la función muscular, cardíaca, respiratoria y metabólica, sin necesidad de atravesar situaciones estresantes o frustrantes, pudiendo comer de todo en su justa medida.

Si utilizamos una estrategia gradual y saludable para el control del peso corporal, no solo evitaremos el sobrepeso, sino que además estaremos previniendo la aparición de otras enfermedades crónicas, como la diabetes, la hipertensión y la dislipemia. Y sin lugar a dudas el logro más notable y significativo de todos será la adquisición de hábitos saludables como método para incrementar nuestra calidad de vida y bienestar.
Debemos tener en cuenta que más que combatir la obesidad hay que atacar los orígenes de la misma, erradicar y cambiar costumbres, y en vez de hacer dietas por tiempos cortos, adquirir hábitos saludables para toda la vida.
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